Cuando empezamos esta relación ninguno de los dos sabía si duraría un día, un mes o un año... Ninguno de los dos se podía imaginar que una 'simple' relación Amo-sumisa podía llegar hacernos despertar los sentimientos más profundos que un ser humano pueda sentir hacia el otro. Ninguno de los dos se podía imaginar hasta donde llegaríamos, ni siquiera hasta que límites podríamos sobrepasar, mucho más allá de lo que nuestras mentes podían imaginar y crear.
Después de casi dos años, en esta última etapa aunque nos conocemos hace ya casi 8 años, llenos de vivencias, emociones y sensaciones más que intensas, parece que ahora ha tocado a su fin.
Las circunstancias personales de cada uno hace que esta relación no pueda proseguir, ha sido muy duro para ambos, pero es la mejor decisión que podíamos tomar.
Mucha gente a nuestro alrededor, sobre todo los que han vivido en primera persona experiencias con nosotros no se explican como ha podido suceder, como se podido producir esta ruptura.
Hay muchas situaciones y circunstancias en la vida que no se pueden controlar y a veces son las que mandan, en este caso ha sido así.
Sólo nosotros sabemos lo que queda en nuestro interior, algo que permanecerá para siempre en nuestra mente y corazón.
kara
¿Alma de esclava?
martes, 13 de marzo de 2012
viernes, 26 de agosto de 2011
Mi regreso al palacio
Ahora es verano y en breve volvere al palacio, pero esta vez en otras condiciones y de otra manera. Esta vez mi Amo no podra acompañarme, pero se que estara conmigo en todo momento. Esta vez no se me tratara como sumisa, estare en otras condiciones...
Ya tengo todo preparado para salir mañana de viaje, vienen a recogerme..
Recibo un sms a las 5 de la tarde: 'Buenas tardes kara, soy Amo Roberto, llegaré a recogerte sobre las siete de la tarde. Confirmame que todo está bien y tu estás preparada'. Si, a esa hora estaba preparada tal y como mi Amo me había indicado, no hacía más que pensar en mi regreso al Palacio, ya estuve una vez, en navidades, pero esta vez no sería para una sesión de unas horas, sería un training de fin de semana, mi Amo había decidido que a estas altura de mi doma estaba preparada para pasar 48 horas como pet. Tenía una sensación de vértigo, no me llegaba la respiración, llevaba toda la semana pensando que ese momento no llegaría o quizás ocurriría algo que lo impidiera, era un sensación de inquietud, miedo, nervios, de excitación por otra... pensaba que sería igual que el que hace puenting, preparado al borde del precipicio, todo preparado, anclajes, arneses.. confiado y seguro de que nada fallará, solo falta dar el salto, esa sensación de tirarse al vacío aún sabiendo que nada malo pasará.
Le contesto y espero pacientemente a la hora fijada. A las 7 antes de salir por la puerta, me miro en el espejo, ya me había mirado varias veces antes, pero no hacía más que comprobar que todo estuviera tal cual se me había indicado, sólo llevaba un vestido negro atado con un lazo al cuello y un tanga mínimo, unas sandalias negras, mi collar de doma y un foular alrededor para cuando saliera a la calle y mi pequeña maleta, tampoco llevaba mucho, una pequeña muda para mi vuelta, productos de higiene personal y unas deportivas que luego sabría más tarde para qué... Allí no iba a necesitar nada más, se supone que no necesitaría ropa en todo el fin de semana, estaría desnuda, tan solo con un collar alrededor de mi cuello, encadenada continuamente, solo liberada para algún disciplinaje, entrenamiento o prueba y sin poder decir ninguna palabra humana...
Esas eran las directrices... y era todo lo que sabía, poco según mi Amo, pues Él insistía en que era todo lo que tenía que saber cada vez que hablaba de éste o de cualquier otro tranining..
Las 7, un último vistazo en el espejo, como a cámara lenta agarro el pomo de la puerta con fuerza intentando abrirla, como si no pudiera abrirse... por fin la abro, salgo rápidamente, cojo el ascensor y espero en la puerta del portal a que Amo Roberto pase, no sé que coche es y la incertidumbre y la espera se me hacen eternas.
Aparece, para el coche, se baja y se acerca a mí, me saluda, le respondo tímidamente y en voz baja. Él me rodea con su brazo y me anima a caminar como si estuviera hierática y él supiera que me costaba, casi me empujaba hacia el coche.
Cuando me senté en el coche me senté tal y como me había indicado mi Amo, piernas abiertas y falda lo suficientemente levantada por si Amo Roberto quería disponer de esa visión o de cualquier otra cosa. Más tarde Amo Roberto me confesó que cuando me vió apoyada en la pared de ladrillos cerca del portal medio encogida de hombros y con cara de asustada, dijo que parecía como un pajarillo caído del nido...
La primera parte del viaje debido a mis nervios y por orden de mi Amo, (pues me llamaba de vez en cuando para ver como me encontraba y darme fuerza y ánimos), fue una conversación distendida que me vino muy bien para relajarme y difuminar un poco la tensión.
Llegados a un punto, paramos, es la hora de poner mi fular en mis ojos, ahora empezaba realmente mi training, haría el resto del viaje en protocolo, sin articular palabra humana..
Llegamos a palacio, allí sus esclava yara y su sumisa brisa esperaban para recibirme. Con los ojos vendados me llevaron desde el coche hasta la sala principal de la casa, allí esperaban órdenes de mi Amo, pues Él a través del teléfono iba dirigiendo todo el proceso.
Allí en medio de la estancia, me indican que debo despojarme de todo lo que llevo... incluso del collar de mi Amo, al cual me aferro cuando tienen que quitármelo para ponerme otro impersonal pues debía permanecer en palacio con un collar impersonal, como cualquier otra esclava a la que se iba a domar, entrenar y disciplinar... Me lo quitan, me ponen otro, mas grande, mas grueso, casi no puedo mover el cuello, no sé si era una percepción mía personal... era ancho, negro con una argolla grande...
Yara, su esclava principal, una vez dispuesta me sube a la mazmorra y allí debemos esperar hasta que llegue Amo Roberto en cierta posición, de pie, piernas abiertas y manos detrás de la nuca. La espera se me hace larga y mi rebeldía empieza a aflorar y tiendo a bajar los brazos pensando que nadie me diría nada, pues la espera parecía larga, pero yara estaba detrás de mí y como buena esclava, bien disciplinada desde atrás y sin mediar palabra me colocaba los brazos en la posición inicial... Al ver mi inquietud, me preguntó si es que me molestaba el cuello y asentí, me dio la concesión de relajar la postura sin dejar de tener las manos detrás de la nuca.
Amo Roberto aparece tras una larga conversación con mi Amo, no sé quien estaba más nervioso si Él o yo, supongo que para Él era también difícil hacer pasar por esta prueba a su sumisa, sola y sin su presencia y desde tan lejos como estaba.
Antes de meterme en lo que sería mi habitáculo para todo el fin de semana, yara y brisa me atan las muñecas con unas cuerdas y las estiran haciendo que mis brazos estén bien estirados, mis piernas abiertas y mi espalda dispuesta para lo que iba a ser mi primer disciplinaje. Iba a ser azotada con látigo, dicen, tanto mi Amo como Amo Roberto que el látigo es el instrumento más puro con el que se castiga a una sumisa, así que ese iba a ser el único instrumento de castigo que iban a utilizar conmigo en todo mi entrenamiento. Las órdenes eran que a partir de esa hora y a lo largo de toda la noche cada tres horas iba a ser disciplinada con él.
Intento concentrarme, mi primera vez ante un látigo, ¿sería capaz de soportar aquella nueva forma de azotarme?... Me concentro y empieza el primero y los siguientes, procuro mantenerme, pues mi orgullo y mi rebeldía ante no querer doblegarme me obligan. Una vez concluido, me desatan y yara y brisa me abrazan y me consuelan, todo sin palabras, pues ellas también tenían prohibido hablarme, sólo podíamos comunicarnos de una manera que estaba establecida y que pronto sabría cual era.
Me llevan a mi celda- jaula, me encadenan con una cadena muy larga y pesada, me encanta que sea larga porque me gusta moverme y disponer de espacio, aunque sea limitado. La cadena pesaba mucho, mi collar no me gustaba, no hacía más que tocármelo, como para familiarizarme con él, pues no tenía nada más. Bueno sí, llevaba las pulseras que mi Amo me había ido añadiendo a mis muñecas y tobillos según iba avanzando en mi doma; una pulsera en mi mano izquierda y dos tobilleras de plata en cada tobillo y además una roja en mi tobillo izquierdo que indicaba el nivel que había alcanzado, ya solo quedaba el negro, que lograría una vez superadas ésta última prueba.
Me dejan en mi celda para que me familiaricé con ella, toda de moqueta negra, una cortina negra al final muy estrecha, donde me imaginaba que habría una ventana, una alfombra de pelo negro a poca distancia de esa supuesta ventana y de la puerta de barrotes de metal de la entrada. Encima de esa alfombra había un cojín a modo de almohada, pues me habían ofrecido una almohada y yo sugerí que en esas condiciones mejor sería un cojín... yo dando ideas... Miraba para todos lados, la estancia era rectangular, alargada y muy amplia, tanto, que luego pude comprobar que no podía llegar a los extremos a pesar de que mi cadena era larga. Encendieron un par de velas que había en unos soportes negros de metal que colgaban en las paredes, como en los castillos, creo que esa era toda la luz de que disponía. También había cerca de una pared dos platos de perro de metal, uno vacío y otro con agua..., los miré y pensé: "Eso es todo lo que tengo para beber y comer, ni cubiertos, ni servilletas... ¿seré capaz de comer todo lo que me pongan?... También mi Amo había dispuesto algo que me había dicho que pondría en mi celda que me haría compañía, pensé dada la situación que quizá sería un juguete de goma para perros o algo similar, pero no, era un cuaderno y un bolígrafo para que escribiera sobre mis pensamientos y sensaciones, al principio todas muy confusas y como en nebulosa, todo me parecía como si fuera una ensoñación..
Casi sin darme tiempo, mientras me familiarizaba con este nuevo lugar y esta nueva situación, aparecieron de nuevo Amo Roberto con yara y brisa, a cuatro patas, una a cada lado. Amo Roberto me explicaba mientras yo miraba al suelo desde mi posición a cuatro patas, pues no se me permitía otra postura, que ellas me iban a enseñar a aprender a comunicarme si quería o necesitaba alguna cosa. Así que levanté la mirada y las miraba a ellas atentamente. Amo Roberto empieza diciendo: "Si tienes hambre o sed tienes que hacer lo siguiente: ¡yara, brisa!" Y ellas emitían una especie de ladrido. "Si tienes alguna necesidad fisiológica tienes que hacer lo siguiente: ¡yara, brisa!" Y emitían unos gemidos de perrito como lastimero, que en ese momento me derrumbé, mi cabeza cayó entre mis patas y quería llorar, pensaba que jamás iba a poder hacer eso, pensaba que jamás podría llegar a hacer eso, era mi primer día y tenía que ir asimilando.... La última recomendación es que en caso de emergencia se me permitía hablar haciendo una especie de gesto con las patas, como cuando un perrito se incorpora y manteniéndose sobre sus patas traseras eleva sus patas delanteras y las junta como para pedir algo. Todo parecía aparentemente sencillo, pero yo me sentía incapaz de poder llegar a reproducir cualquiera de las tres indicaciones que se me habían explicado.
Al terminar con este pequeño entrenamiento, me indican que en breve me traerán la cena y se van.
Viene la cena en un plato de perro de metal, ellas estaban continuamente presentes, a mi lado, controlando todos mis movimientos, no podía andar por la celda, ni hablar con ellas, ni usar las manos... ellas eran los ojos de su Amo. Allí estaba el plato, yo lo miré, me costaba acercarme para comer, la sensación, el ambiente, la situación... Acerqué mi boca al plato y dí el primer bocado, no recuerdo que era, creo que era tortilla con trocitos de pan. Me costó el primer bocado, pero mi hambre podía más y empecé a deborar aquello, a esas horas de la noche después de todo lo acaecido durante todo el día tenía mucha hambre y tenía muchas ganas de comer....
Durante aquella noche, por orden expresa de mi Amo, venían cada tres horas a despertarme para darme mi ración de latigazos, como en Historia de O, sin saber porque, ni cuando, era azotada y usada para ser disciplinada en aquel castillo. Me había costado conciliar el sueño, pues mi collar era grande y pesaba, además la cadena que pendía de mi cuello también lo era y cada vez que me daba la vuelta tenía que moverme con ella. Tampoco podía dejar de pensar en todas las sensaciones que había tenido aquel dia, todo eso me daba vueltas en mi cabeza lo vivido y lo presente, sola, en aquella celda, con aquella cadena... pero me reconforté entre la alfombra de pelo negra y el edredón y conseguí dormir.
Al poco de mi sueño suena la puerta de mi celda, cerrada con llave y con candado. Abro los ojos y allí estaban los tres, ellas deslizaron el edredón suavemente hasta mis pies, yo me incorporé les miré entre dormida y sorprendida, no sé porque que porque antes de acostarme se me habían dado instrucciones de como pasaría la noche. Sentí unas ganas de rebelarme, de negarme, pero mi sueño pudo más, ellas me cogieron de ambos brazos y me levantaron aunque opuse algo de resistencia. Me levanté y me volvieron a atar las muñecas con cuerdas mientras ellas las sujetaban a cada extremo de la estancia para estirar bien mis brazos y mi espalda estuviera bien dispuesta. Así estuvimos durante toda la noche, y las sesiones eran cada vez mas duras... nunca llegué a caerme y el dueño del látigo controloba muy bien mi nivel de resistencia.
Ya de madrugada me dijeron que quedaba una sesión más pero entre Amos habían decidido que ya era suficiente y me dejaban descansar y dormir un poco hasta el día siguiente, que empezaría pronto, pues conociendo a mi Amo seguro habría un programa apretadito... de hecho estuvieron hablando entre ellos sobre este traninig durante casi tres meses...
Serían más o menos las 9 de la mañana, no tenía reloj pero tenía costumbre en verano de no llevar reloj y calcular la hora según la posición del sol, algo que también practico en invierno, así que por la temperatura y la luz del sol sería más o menos esa hora. De nuevo oigo como se abre la puerta de mi celda, a pesar de mi sueño y aferrarme a mi cojín, mi mente estaba alerta. Oigo un: "¡Buenos días!", por supuesto era Amo Roberto el único que podía hablar. "Acabo de hablar con tu Amo y dice que está muy orgulloso de tí y que luego llamará para hablar contigo, después se te subirá el desayuno".
Hablo con mi Amo le cuento mis experiencias y sensaciones, me anima y me dice que está muy orgulloso de mí.
Me suben el desayuno, cereales con leche chocoloteada... Me dejan sola, confían en que no usaré las manos y me dejan que tenga mi intimidad mientras desayuno. Mi hambre era constante así que no sé como empecé a aprender a comer de esa manera, con las manos alrededor del plato, intentando no meter el pelo en él, pues no tenía goma para recoger el pelo. Una vez terminé tenía necesidad de limpiarme, obviamente, así que usé la bolsa de plástico que había bajo el plato...
Hoy tocaba mi entrenamiento como perrita, como debía comportarme, andar con o sin correa y como debía reaccionar según el movimiento o tirón de la correa. Si llevaba la correa puesta y según el número de tirones signficaba una postura: uno, de rodillas; dos, sentada; tres, tumbada. Pero luego venía la complicación, si estando de pie era un tirón la postura debía ser de rodillas, pero si de ésta eran dos tirones había que pasar a las dos siguientes, que sería tumbada y desde ésta si eran tres tirones, la posición sería directamente de pie. Es decir, se contaban las posturas de arriba a abajo y viceversa, dependiendo del punto de partida de pie o tumbada, todo eso a la mayor rapidez y celeridad posible.
Recuerdo que este fue mi primer entrenamiento la primera noche que llegué a palacio antes de cenar, estaba ya tan cansada mentalmetne que casi no me salía, yara fruncía el ceño y negaba fuertemente con la cabeza, brisa me miraba y ponía su mano sobre mi hombro para tranquilizarme.. había un momento en que no podía concentrarme, creo que mi mente estaba saturada con tantas sensaciones, pero con la paciencia de yara, la comprension de brisa y mi concentración lo logramos, debían enseñarme bien porque luego tendría que demostrar a Amo Roberto, no sólo que lo había aprendido sino que sus sumisas eran buenas entrenadoras, era una gran responsabilidad. Al poco subió y parece que todo fue más sencillo de lo q parecía, pero aún así dijo que a la mañana siguiente repasaríamos.
Así que mi segundo día en palacio fue repaso de mi entrenamiento, aumentando algunas otras cosas, de cómo debía caminar detrás de un Amo sin correa, pendiente de su paso y seguirle al mismo ritmo y si paraba, estar atenta para no chocarte, predecirlo y parar justo a unos centímetros detrás de Él.
El adiestramiento prosiguió con posturas, algunas distintas y nuevas para mí, otras similares a las que ya conocía. Después digamos del adiestramiento más serio y duro, venía la parte lúdica, la más divertida para ellas. Él sacó una pelota y la empezó a tirar, ellas muy divertidas salían corriendo a cuatro patas tras ella, la cogían con la boca y se la devolvían de nuevo a su Amo... yo pensé, pues si piensan que yo voy a hacer eso lo llevan claro. El rato fue transcurriendo mientras las observaba hierática y con la boca abierta lo felices y divertidas que parecían, realmente parecía que se lo estaban pasando genial. En este pensamiento, claro, esa era digamos la muestra, ahora me tocaba a mí... "¡Kara, yara, brisa, a ver quien coge la pelota!" Y casi sin pensar me puse a corretear con ellas, ya había cierta complicidad... Luego tuve que ir yo sola a por ella y jugar a un juego que a ellas les gustaba mucho, se les vendaba los ojos y tenían que seguir los pasos de su Amo sólo por el sonido casi imperceptible de sus pasos o del roce que hacía el pantalón a cada movimiento.
Al final fue divertido y agotador a la vez.
Una vez terminado dicho adiestramiento tocaba la hora del baño.... Como ya estaba desnuda eso no era problema..., tenían una terraza bastante grande con el suelo color teja. Todo estaba dispuesto: jabón y una manguera. A pesar de que estábamos en la sierra, era verano y ya medio día, con lo cual el sol calentaba. Me dispusieron a cuatro patas (mi posición habitual, ¡qué redundancia!) y con la manguera empezaron a bañarme yara y brisa, me enjabonaron bien, por todas partes, sin olvidar ninguna parte de mi piel. Después me dejaron secarme al sol, me tumbé, me encontraba bastante agotada, tanto ejercicio y después una buena ducha con agua fría... El suelo de la terraza estaba caliente por todo lo que había calentado el sol por la mañana y a pesar de sentir mi cuerpo desnudo sobre ese tipo de suelo, para mí era reconfortante, tanto que me dejé caer sobre él y allí me dejaron sola durante un largo rato para reponerme.
Después de la comida intenté dormir un poco en mi celda a ver si podía recuperar algo de sueño, pues la noche anterior fue como una imaginaria. Pero no podía, no hacía más que dar vueltas y vueltas, como siempre había alguien en una pequeña celda que había al lado, yara vino a verme y me consoló con palabras, pasada la primera fase de inmersión digamos, y yo ya tenía aceptado que no podía hablar, a ellas si se les permitía hablarme. Así que me consolaba con palabras, miró mis marcas y fue a por un poco de aceite o crema para darme un masaje no solo relajante sino calmante para mis marcas tanto externas como internas. Fue muy cariñosa conmigo, despertando un instinto hasta ahora casi desconocido para mí, me daba la sensación de que me sentía, creo que por primera vez, atraída sensual y sexualmente por una mujer, una mujer encantadora, agradable, atenta, sensual... Casi sentí ganas de más...
Por la tarde siguieron mas disciplinajes, tras ellos llegó un momento que Amo Roberto, por orden de mi Amo, habían decidido que a pesar de que todo había sido muy duro, yo iba avanzando e iba superando límites y en muestra de reconocimiento, me daban permiso para hablar y charlar con yara y brisa y se me permitía tomar un refresco en ¡un vaso!... Ohhh... Aquel momento fue de repente, como si se abrieran las nubes en medio de un cielo soleado, como un soplo de aire fresco... La verdad es que no sabía si lo necesitaba, pero resultó ser un gran receso para mí. Se nos dio permiso para salir a la pequeña terraza de que disponía aquella mazmorra, estar al aire libre y ver el cielo. Sobre la barandilla de la terraza había una especie de pañuelos y esterillas que la cubrían para que desde fuera nada se pudiera ver. Ellas charlaban, yo algo comentaba también, la verdad es que ellas eran encantadoras y su teson, apoyo y su cariño hicieron que yo me sintiera mas relajada y pudiera llevar a cabo mis logros. Desde la terraza se podía oir a los vecinos que estaban abajo y que hablaban muy alto, yara y brisa comentaban que eso era muy continuado, así que ante aquello me salió contestarles de alguna manera y de repente me salieron dos ladridos fuertes, altos y claros... Ellas me miraron asombradas, Amo Roberto debió de oirlo también, se asomó y dijo: "Así debes ladrar cuando llame tu Amo...jaja..." y se fue dejándonos a solas de nuevo.
Llegado un momento apareció de nuevo Amo Roberto, que nos había dejado solas para contarnos nuestras cosas e intercambiar experiencias y sensaciones, y dijo: "Bueno, pues ahora que ya habéis tenido un pequeño periodo de descanso, cada una a su sitio, para dentro de poco cenar".
Ellas se levantaron y esperaban a que yo entrara de nuevo en mi celda, me las quedé mirando, y en ese momento todo lo que era cielo azul claro y nubes blancas de algodón, se convirtió en una cielo negro con nubes grises... Yo volvía de nuevo a mi celda, volvía a ser encadenada, volvía sobre mis cuatro patas, muda, sin poder hablar... tras un instante muy pequeño de libertad. De repente me sentía muy triste y sola... daba vueltas por mi celda a ver hasta donde llegaba mi cadena, me asomaba a la puerta hecha solo de barrotes de acero negro, con un candado... como si pudiera salir encadenada como estaba... Al ver que no había otra alternativa, me fui a mi mantita de pelo negra, me senté y abracé mis rodillas muy triste, sin poder llegar a llorar. (Luego más tarde mi Amo me confesaría que ésta era otra de las pruebas...)
Después de un largo rato, abrieron de nuevo la celda, venían los tres, yara sostenía una lata en su mano y Amo Roberto empezó a hablar: "Buenas noches, kara. Te vamos a preparar la cena tal y como ha indicado tu Amo. Nos ha pedido que la cena de hoy fuera comida para perros, esta es la lata, hemos cogido una con un sabor agradable y lo más parecida a comida humana, ahora yara se irá a prepararla y la pondremos en tu bol" . Bueno, la explicación fue mucho más larga pero no la recuerdo, yo casi no oía sus palabras mirando atónita aquella lata, que con la luz que había no acertaba ni a leer lo que ponía, ni tan siquiera adivinar el dibujo de la misma. Se van. Vuelven. Colocan el bol en el sitio de siempre y me dicen que coma, se quedan esperando los tres, mirando. Yo les miraba a ellos desde mi altura, casi no acertaba a ver sus caras, solo de cintura para abajo, los tres de pie, hieráticos, esperando. Volví mi mirada de nuevo al bol, lo miraba y casi no era capaz de acercarme, lo miraba, lo pensaba... pensaba que tenía que hacerlo, pero no era capaz de moverme, estaba como inerte. Él insistía, ellos esperaban pacientemente. Acerqué mi cara al bol, percibía el olor que emanaba esa comida, de repente sentí arcadas, me daban ganas de vomitar. Acerqué mi boca al bol y me dispuse a intentar coger con mis labios algo de aquella comida. La pasé de mis labios a mi boca e intenté masticar, casi vomito... Una vez di el paso, Amo Roberto dijo que ya era suficiente y no hacía falta más, que en realidad no era comida para perros, que era un guiso de albóndigas con patatas que había preparado la gran cocinera de yara.
Me sacaron de la celda y me llevaron al centro de la mazmorra donde había otra mantita de pelo, donde yara y brisa se sentaron a mi lado. Yo todavía estaba intentando 'digerir' todas aquellas palabras, sobre todo las últimas, ahora si que me había quedado muda, muda de verdad, no había nadie que me lo impidiera, ahora si se me permitía hablar. Me preguntaban si necesitaba algo, si quería algo en especial, como me sentía... Yo tenía el estómago revuelto a punto de vomitar y pedí una tónica. Mientras me la tomaba e intentaba reponerme física y mentalmente me preguntaron si quería algo de cena, porque a pesar de todo yo tenía hambre. Me ofrecieron pollo, jamón de york... un montón de cosas alternativas, pero como yo sé lo bien que cocina yara y lo que me gustan a mi los guisos, dije: "Quiero albóndigas con patatas". Amo Roberto se quedó mirándome estupefacto, y de hecho me preguntó si realmente era eso lo que quería de cena, yo asentí. Todos se echaron a reir y yo también...
Esa misma noche, estaba preparada una salida por el campo, desnuda y con mis zapatillas y supongo que en compañía de yara y brisa. Finalmente esa actividad se suspendió dada la intensidad de las dos últimas pruebas. Así que esa noche pude dormir todo seguido, cansada y exhausta hasta la mañana siguiente.
Era domingo, último día, esta vez creo que me desperté antes de que ellos aparecieran. Estaba inquieta, intranquila, pensaba porque tardaban tanto en subir, ya olía mi salida, ya pronto saldría de allí... Nadie estaba allí, miraba aquella puerta llena de barrotes, me fijé en el candado ¿y si estuviera abierto? Desde mi posición a cuatro patas no llegaba, así que me puse de rodillas, pero el candado estaba cerrado, empecé a agitar la puerta para ver si me oían, no sé si aquella mazmorra estaría insonorizada. Nada... Sólo me quedaba otra opción para hacerles saber que estaba despierta, y como ya sabía solo tenía una manera de comunicarme, así que empecé a ladrar, primero un ladrido no muy alto, luego más y más seguidos y cada vez más altos, al tiempo que movía la puerta.... Aparecieron con el desayuno, me dijeron que tardaban porque estaban preparando todo para la vuelta.
Después de desayunar, otra vez sola, miraba intrigada la cortina negra que tanto observaba durante mi cautiverio. Era el momento de investigar, de ser rebelde, me acerqué, era una pequeña ventana y tenía dos hojas corredizas, ¡qué tentación!.... No pude evitarlo, la abrí, miré tras ella, observaba un precioso bosque, lleno de árboles, un cielo azul infinito, un señor paseando con su perro... "!Qué curioso, ¿no?", pensé. Y de repente me imaginé que ayer por la noche podría haber estado paseando por allí. Por un momento me trasladé mentalmente por donde estaba paseando aquel perro y me imaginaba que era el y andaba sobre aquellas piedras y ramas que había en el suelo...
Abrieron mi puerta por última vez, me dijeron que bajara y me duchara... "Oh", pensé yo. "Una ducha caliente y reconfortante, como una personita, ohhh". Aquella ducha fue un placer para mí. Tras la ducha solo quedaba una cosa, quitarme el collar de doma y entrenamiento que había llevado durante todo mi training e imponerme el de mi Amo, que ahora adquiría un nuevo significado, más aún del que ya tenía.... Es cierto, cuando una sumisa dice que se siente desnuda sin su collar, casi más que sin ropa....
Mis rodillas estaban amoratadas, había estado tan concentrada y tan metida en mi papel que no era consciente de todo el tiempo que estuve 'andando' en esa posición, es cierto que ya al final me costaba bastante andar.
Este relato se lo dedico especialmente a mis dos grandes apoyos que me ofrecieron todo su amor, su cariño y comprensión durante todo el proceso y que sin ellas hubiera sido muy difícil que yo lo hubiera logrado; a yara y brisa, gracias. Tampoco dejar de mencionar y quitar mérito a los grandes cerebros y artífices de todo lo que allí acontenció, que estuvieron, creo, cerca de 3 meses preparándolo mi Amo Ender y Amo Roberto.
Esclava
Mi training en granada, dos dias en 24/7 en casa de unos viejos amigos de mi Amo, Sir Uno y su esclava ruthie, que hacía las veces de mistress. En realidad al final llegó a ser como una especie de prueba de aceptación para la Household que mi Amo esta desarrollando y otras cosas... que como siempre yo desconozco antes de empezar...
(En construccion; todavía estoy redactando esta experiencia pero hay fotos q lo expresan mejor de lo q yo lo haría)
Una danza hipnótica
Este relato es regalo de mi Amo, escrito por Él, sobre una noche en la que por una vez, era yo la que tenía todo preparado...
Volver cansado a los brazos de tu sumisa siempre es garantía de que tu recuperación será segura y además placentera. Eso es algo que cualquier Dominante sabe. Yo también lo he experimentado varias veces, como cuando el guerrero vuelve de la batalla y se encuentra por fin el merecido descanso proporcionado por su hetaira.
También es algo común entre nosotros los Dominantes el buscar siempre la forma de sorprender a nuestras sumisas, de deslumbrarlas con nuestras brillantes y diversas formas de someterlas, de hacer que su entrega sea algo siempre nuevo, excitante, novedoso.. a veces es una especie de obsesión sana, puesto que creo firmemente en la doma integral de kara ER en todos los aspectos posibles del BDSM.
Bien, pues ente esta caso, fue todo contrario. Mi sumisa kara ER me tenía preparada una magnífica sorpresa. Una de las noches que volví a ella cansado del trabajo y necesitado del cuidado que solo ella , como gheisa, podía proporcionarme, no solo lo hizo, sino que me proporcionó una noche mágica e inolvidable. Una noche en la que quedé hipnotizado.
Al llamar a la puerta de su casa, no me podía imaginar lo que me esperaba tras ella. Yo volvía cansado de una larga jornada trabajo, con los pies doloridos y mi espalda cargada. Al abrirse la puerta, una maravillosa visión apareció ante mis ojos. Una belleza rubia, increíblemente hermosa envuelta en un complicado vestido de tipo árabe. Mi sumisa kara me obsequiaba la vista envuelta en pañuelos de seda de distintos colores, adornada con collares, como una auténtica princesa salida directamente de las mil y una noches bagdadíes. Me quede totalmente absorto, sin palabras ante aquella visión. Mi sumisa se había vestido así para mí, en mi honor, sin que yo tuviera la más mínima idea. Me cogió suavemente de la mano, y con un movimiento elegante y sensual me hizo pasar a lo que a partir de ese momento sería mi palacio andalusí. Mientras yo la seguía como un cordero, ella me decía:”pase, mi Amo, hoy se va a sentir como un príncipe, su sumisa cuidara de usted”. Ella resplandecía en su precioso vestido de pañuelos árabes, de varios colores que fluctuaban con el movimiento sensual de su cuerpo. Su cuello estaba bellamente adornado con su collar de sumisa, su firme vientre, esculpido por los dioses para el placer de la vista de los hombres, resaltaba aún mas por el efecto de los pañuelos que lo ceñían.
Con todo cuidado, mi bella sherezade me sentó cómodamente en un sofá, mientras yo, incapaz de articular palabra ante aquella escena, sin poder evitar dejar de mirarla, me dejaba quitar los zapatos y me abandonaba al placer de sus dedos en mis pies cansados y ardientes. Mientras ella los refrescaba y los masajeaba con cremas y ungüentos, yo me sentía como el hombre más afortunado del mundo, mientras ella susurraba palabras tan dulces como “ haré que mi Amo descanse, se relaje, su sumisa lo tiene preparado, ahora relájese, deje que sumisa cuide de usted, tras el masaje, le serviré la cena que he preparado para usted...”. Yo me abandoné al placer de los cuidados de mi esclava árabe de esa noche.
Sentía sus dedos masajeando mis plantas, mis dedos, mis tobillos, y un placer indescriptible subía por mis piernas y me dejaba completamente extasiado. Aún estaba como alucinado, aunque no sabía aún que esta parte era solo el principio del encantamiento al que mi sumisa me sometería esta noche.
Mientras me iba masajeando, yo no dejaba de mirarla. Nunca había visto algo tan bello y tan hermoso, ella había cuidado todo los detalles de su indumentaria , preparándose cuidadosamente para mí. Estaba ligeramente maquillada, lo justo para parecer resplandeciente, su cuerpo totalmente depilado y sensualmente aromatizado. Sin dejar de mirarla , ella me relató con cuanto mimo y amor había preparado todo para que aquella noche fuese perfecta, para que su Amo se sintiese como en un cuento de hadas.
Y me dijo, “hace mucho que pensaba en ofrecerle este regalo que nunca he ofrecido a nadie antes, un regalo que usted estaba deseando recibir y que ahora estoy preparada para ofrecérselo”,. Yo ya sabía a que se refería, pero jamás había imaginado que fuera tan maravilloso el saber que lo iba recibir. Y poniéndose en pie, con un elegante movimiento, ella me dijo” voy a bailar para usted, mi Amo”. Para aquellos que conozcan a mi sumisa un poco, ya saben lo que significa la danza para mi sumisa. Y para los que la acaban de conocerla decir que la danza convierte a mi sumisa en un ser etéreo, en un alma feliz y libre, que vuela incluso por encima de todo lo real y mundano. Mi sumisa siente la danza desde su yo más profundo, y hace que nada alrededor de ella pueda ni siquiera comparársela. Como iba a descubrir esa misma noche , cuando mi kara danza, el mundo se paraliza a su alrededor. No existe nada más. Ella se convierte en movimiento, pureza, sensualidad. La danza es para mi sumisa como la esencia de todo lo que es importante en la vida y ella ha nacido para bailar. Los dioses han diseñado su cuerpo para dos cosas, para el sexo y para la danza. Esa noche ella me lo iba a demostrar de una manera tal, que aún hoy me tiembla el cuerpo a recordarlo.
Una vez de pie, ella me dio una pequeña explicación de lo que iba a ver esa noche: ” Mi Amo, he preparado este baile para usted, aunque no habrá música, el ritmo y los movimientos harán que pueda imaginársela. Nunca he bailado para nadie como lo haré para usted. El baile que va a ver es uno de los más estéticos que una bailarina del vientre pueda realizar, y lo he preparado solo para su disfrute”. Tal y como luego supe, la danza del vientre, combinada con los velos, tiene varios niveles de dificultad, y mi sumisa había elegido ofrecerme el más complicado de todos, con doble velo sobre su cara, combinada con la sensualidad de su vientre.
Cuando apareció desde detrás de la pared , danzando, el mundo se detuvo para mí. Ella empezó a moverse de la manera mas mágica y sensual que jamás había visto o imaginado, recuerdo como no podía dejar de mirarla a ella, pero pendiente de sus manos, de su cara,, que estaba envuelta en dos velos, uno por delante y otro por detrás. Ella hacia que pasaran de delante a atrás, cambiándolos de posición en movimientos totalmente limpios, con una facilidad asombrosa mientas no dejaba de mover su vientre de un amanera excitante. Jamás había visto una coordinación así, unos movimientos tan complicados llevados a cabo con tanta perfección y elegancia. Me sentí atrapado, me sentí esclavizado ante esa visión. Estaba hipnotizado. Pero su danza no había hecho más que comenzar. Ella fue moviéndose de tal manera que iba dejando caer sus velos, de una manera tan natural y sensual, que casi no me daba cuenta. Ella dirijía mis miradas hacia sus manos, cuyos movimientos me iban dirigiendo hacia donde ella quería que mirase. En lentas evoluciones, ella movía sus pechos, sus manos, su cadera, subiéndola y bajándola mientras se iba deshaciendo de sus velos .
Yo no podía ni respirar. Estaba asistiendo a la experiencia mas increíble de mi vida. Ella era como un sueño. No parecía real al moverse, como si fuera una visión de una hada, de una diosa. Su vientre, oh, su vientre. No podía dejar de mirar su vientre, su caderas, mientas se contraía, bajaba, subía, en un movimiento que hizo que tuviera una de mi mayores erecciones. Ella estaba danzando para mí, y yo me sentía Boabdil presenciando a su esclava cristiana, arrebatada a la naturaleza para ser adiestrada en los mayores placeres. Si, en ese momento, no estábamos en su casa, ni yo era yo. Estábamos en el palacio de la Alhambra y yo era un príncipe, si, pero ella, ella es la misma,es la misma kara, que se ha reencarnado en una diosa del placer.
Cuando termino su baile, yo quedé hipnotizado,boquiabierto y sin palabras, casi sin respiración, Jamás me habían hecho un regalo así, y creo que jamás volveré a tener una sensación como aquella noche, en la que sentí como si estuviera flotando. Kara, se arrodilló junto a mí, y estuvimos disfrutando el uno del otro y después de la cena que ella había preparado para mí. Yo seguía alucinado y no podía dejar de mirarla.
Esa noche le deseaba más que ninguna otra noche, estaba deseando hacerla el amor, de forma salvaje, brutal, vivir el sexo de la manera más animal posible porque había despertado en mi tal deseo que no podía dejar de pensar en ello. Y así lo hicimos. Aquella noche la ame como no lo había amado nunca. El cuerpo de kara esta diseñado para el sexo, para el placer. Es esbelto, firme, fibroso, sin un atisbo de imperfecciones, flexible para acomodarse a la postura que su Amo exija. Sus pechos firmes son un regalo para mis manos, para mi boca, siempre su pezones sabrosos y erectos , con sabor a leche materna. Su coño, siempre húmedo, carnoso, acogedor, desprendiendo su aroma a placer y orgasmo, su piernas de diosa nórdica, duras como piedras, suaves, larguísimas. Su piel, la mas suave que haya acariciado nunca desprende un olor inconfundible para mi, lo reconocería en cualquier parte, es una mezcla de inocencia y de placeres ocultos que me vuelve loco. Aquella noche la poseí como un poseso, como si no hubiera mañana.
Y tras el amor, nos quedamos rendidos, extasiados , el uno junto al otro. Ella en todo momento, entregada a mi como mi pertenencia, como mi perra y puta, pero también como mi amante, como la única mujer que me hace sentir así, que me hace tocar el cielo. Esa noche me hizo sentir aún más dueño del mundo. Jamás había sentido lo que sentí esa noche. Y nunca podré olvidarlo, mi karaER.Y en pago a ese regalo que tu me hiciste, tu Dueño, tu Amo , Your Master te ofrece este regalo, en forma de relato, sobre la noche mas mágica que he vivido.
Para ti, mi kara ER
Gracias mi Amo, por este regalo y este relato, por siempre a sus pies
kara de ENDER
jueves, 25 de agosto de 2011
Un dia en el Palacio III. La entrega
Permanecía de pie, todavía un poco perpleja por lo que acababa de ocurrir y casi sin tiempo a reaccionar, de nuevo me pusieron el antifaz y yara y brisa vinieron a cogerme cada una de un brazo para llevarme con decisión y firmeza hacia otra estancia de la casa, pasé una puerta y creo que bajé un escalón. Ya en esa estancia notaba como ellas se desplazaban en ella, notaba movimientos rápidos y diligentes, parecía que buscaban algo, yo estaba de pie, sin moverme, sin hablar, no sabía que es lo que pasaba ahora. De pronto se acercaron de nuevo a mi y como si estuviesen completamente compenetradas empezaron a vestirme con la vestimenta que mi Amo había indicado. Mientras una me ponía la camisa blanca de colegiala con la corbata negra, la otra me ponía la falda tableada negra y a continuación mientras una abrochaba los botones de la camisa, la otra me ponía mis calcetines blancos de colegiala y mis zapatos. Una vez estuve vestida, me sentaron en la cama para hacerme una coleta muy alta como le gusta a mi Amo, con un lazo rojo, color que indica mi grado de sumisión con Él, empecé con el verde como sumisa más novata, ahora llevaba el color de una sumisa algo más experimentada y finalmente el negro al que llegaré un día.
Cuando hubieron terminado me pusieron el abrigo y me dejaron de pie, esperando, creo que frente a una puerta, aunque andaba un poco despistada porque oia varias puertas abrirse y cerrarse dentro de la misma estancia, al menos dos, por donde entraban y salían ellas, haciendo yo que se qué. Una vez consideraron que ya estaba preparada se fueron sin decir nada y cerraron una de las puertas tras de ellas.
Yo esperaba, no entendía para que me habían puesto el abrigo, después de un tiempo lo entendí, parecía que iba a estar más tiempo del que yo creía, ¡qué frío! Yo, allí de pie, con el antifaz puesto, sin ver nada, en espera, ¿en espera de qué?, ¿qué venía ahora?... El tiempo pasaba y no parecía venir nadie, tras la puerta escuchaba unas voces, pero de palabras impercetibles, eran las voces de dos hombres, supongo que la de mi Amo y la de Amo Roberto. Parecía que pasaba mucho tiempo, yo permanecía de pie, esperando, pensando, helada de frío, calculaba que al menos habían pasado 20 minutos, notaba el frío como calaba mi piel y traspasaba mis huesos, empezaba a notar calambres en mis pies, como si se entumecieran, los movía para intentar que el riego sanguíeno circulara a través de ellos, pero esos calambres subían por mis piernas, empezaban a doblarse, pero yo debía estar de pie y preparada para cuando esa puerta se abriese. Intentaba no pensar en el frío, y por más que yo intentaba pensar en otra cosa, el frío se iba apoderando de mí, subía a través de mi tronco hasta llegar a mi cabeza, creo que estaba empezando a perder las consciencia, estaba perdiendo el sentido de la percepción, creía que me iba a caer, pero estaba cerca de algo que parecía firme y pensé que si me caía aquello retendría mi caída y no caería al suelo.
Justo en ese momento, se abrió la puerta, era mi Amo, como si lo hubiera intuido, tenemos una especie de conexión que aún a día de hoy no nos explicamos. Me quitó el antifaz y me llevó a la sala en la que habíamos estado antes, allí estaba Amo Roberto y solo tuvo buenas palabras para mí, diciéndome que entendía que mi Amo estuviera orgulloso de mí. Al poco llegaron de nuevo yara y brisa que parecía que estaban preparando otra estancia. Ellas me subieron por unas escaleras muy estrechas y escarpadas, una iba delante y otra detrás, llegamos a una segunda planta de la casa, toda diafana, creo de pizarra negra, llena de velas y al fondo una cruz de madera hecha de dos grandes tablones barnizados. Me llevaron hasta el centro de la estancia frente a aquella cruz y allí me dejaron, al pie de una alfombra. Ellas se colocaron detrás de mí, cada una en una esquina, llevaban sendas capas y máscaras, delante de un gran espejo que ocupaba toda la pared. No sé como lo recuerdo, pero creo estaban hieráticas, calladas, en su posición...
Amo Roberto me estuvo explicando el significado de la cruz, aquella cruz que sería la que me ayudaría en los momentos más duros, aquella cruz a la que me debía... Yo no entendía mucho lo que me decía, ¿cómo iba a ayudarme aquella cruz?, ¿aquella cruz en la que me imaginaba que me iban a atar?, ¿aquella cruz en la que a saber qué me iba a ocurrir?... Tras explicarme esto, llamó a yara y a brisa que acudieron raudas a mi lado, cada una a un lado. Amo Roberto les dijo que se debían a la cruz y que debían rendirle respeto y recitar sus obligaciones. Ellas enseguida se arrodillaron con las rodillas separadas, sus brazos estirados y juntos y sus cabezas sobre sus manos y empezaron a recitar, ambas a la vez, una serie de frases que yo intentaba descifrar, pero eran frases casi susurrantes y dos voces al mismo tiempo, era casi imposible entender que decían.
A una orden de su Amo se levantaron y se acercaron a mí y empezaron a desnudarme, parece que ahora me tocaba a mí... Mi Amo me ató a aquella cruz, aquella que se supone que debería venerar... ¿cómo la iba a venerar si seguro iba a pasar mis peores momentos?... Hacía mucho frío, pero ya casi no lo notaba, estaba tan nerviosa e impactada que esa era una sensación que había pasado a segundo plano. Allí me quedé esperando mientras Ellos buscaban algún tipo de artilugio para lo que se proponían, en ese intervalo pasó bastante tiempo y mi cuerpo empezó a sentir de nuevo el frío que intentaba controlar. Al poco noté como me azotaban con un látigo de 9 colas, me azotaban fuerte e intentaba resistir lo que podía. Tras algunos azotes se fueron de nuevo a buscar otra cosa, me sentía sola, allí, colgada de aquella cruz, hacía mucho frío, mi cuerpo temblaba, tiritaba, quería evitarlo pero no podía, pensaba que no tenía frío, pero era algo que no podía controlar, todo mi cuerpo temblaba de frío desde los pies a la cabeza. Alli estaba yo, sola, tiritando, frente a una cruz, la miraba, me fijaba en la madera, me acordaba de las palabras de Amo Roberto, aunque no las recordaba exactamente, pero me agarré fuertemente a la cruz e intenté concentrarme, no tengo frío, no voy a tiritar, me sujetaré a la cruz y me dará fuerza... y por algún momento conseguía dejar de tiritar. Llegó un momento que tiritaba tanto que me soltaron de la cruz y yara y brisa empezaron a darme enérgicos con sus manos por todo el cuerpo para hacerme entrar en calor, pusieron sus capas por encima de mi cuerpo a ver si reaccionaba, entre las dos me abrazaban intentando darme calor con su cuerpo... creo que ese momento fue uno de los más reconfortantes hasta ahora... (desde aquí, gracias yara y brisa por vuestro apoyo y vuestro calor en todos los sentidos)
Yo esperaba, no entendía para que me habían puesto el abrigo, después de un tiempo lo entendí, parecía que iba a estar más tiempo del que yo creía, ¡qué frío! Yo, allí de pie, con el antifaz puesto, sin ver nada, en espera, ¿en espera de qué?, ¿qué venía ahora?... El tiempo pasaba y no parecía venir nadie, tras la puerta escuchaba unas voces, pero de palabras impercetibles, eran las voces de dos hombres, supongo que la de mi Amo y la de Amo Roberto. Parecía que pasaba mucho tiempo, yo permanecía de pie, esperando, pensando, helada de frío, calculaba que al menos habían pasado 20 minutos, notaba el frío como calaba mi piel y traspasaba mis huesos, empezaba a notar calambres en mis pies, como si se entumecieran, los movía para intentar que el riego sanguíeno circulara a través de ellos, pero esos calambres subían por mis piernas, empezaban a doblarse, pero yo debía estar de pie y preparada para cuando esa puerta se abriese. Intentaba no pensar en el frío, y por más que yo intentaba pensar en otra cosa, el frío se iba apoderando de mí, subía a través de mi tronco hasta llegar a mi cabeza, creo que estaba empezando a perder las consciencia, estaba perdiendo el sentido de la percepción, creía que me iba a caer, pero estaba cerca de algo que parecía firme y pensé que si me caía aquello retendría mi caída y no caería al suelo.
Justo en ese momento, se abrió la puerta, era mi Amo, como si lo hubiera intuido, tenemos una especie de conexión que aún a día de hoy no nos explicamos. Me quitó el antifaz y me llevó a la sala en la que habíamos estado antes, allí estaba Amo Roberto y solo tuvo buenas palabras para mí, diciéndome que entendía que mi Amo estuviera orgulloso de mí. Al poco llegaron de nuevo yara y brisa que parecía que estaban preparando otra estancia. Ellas me subieron por unas escaleras muy estrechas y escarpadas, una iba delante y otra detrás, llegamos a una segunda planta de la casa, toda diafana, creo de pizarra negra, llena de velas y al fondo una cruz de madera hecha de dos grandes tablones barnizados. Me llevaron hasta el centro de la estancia frente a aquella cruz y allí me dejaron, al pie de una alfombra. Ellas se colocaron detrás de mí, cada una en una esquina, llevaban sendas capas y máscaras, delante de un gran espejo que ocupaba toda la pared. No sé como lo recuerdo, pero creo estaban hieráticas, calladas, en su posición...
Amo Roberto me estuvo explicando el significado de la cruz, aquella cruz que sería la que me ayudaría en los momentos más duros, aquella cruz a la que me debía... Yo no entendía mucho lo que me decía, ¿cómo iba a ayudarme aquella cruz?, ¿aquella cruz en la que me imaginaba que me iban a atar?, ¿aquella cruz en la que a saber qué me iba a ocurrir?... Tras explicarme esto, llamó a yara y a brisa que acudieron raudas a mi lado, cada una a un lado. Amo Roberto les dijo que se debían a la cruz y que debían rendirle respeto y recitar sus obligaciones. Ellas enseguida se arrodillaron con las rodillas separadas, sus brazos estirados y juntos y sus cabezas sobre sus manos y empezaron a recitar, ambas a la vez, una serie de frases que yo intentaba descifrar, pero eran frases casi susurrantes y dos voces al mismo tiempo, era casi imposible entender que decían.
A una orden de su Amo se levantaron y se acercaron a mí y empezaron a desnudarme, parece que ahora me tocaba a mí... Mi Amo me ató a aquella cruz, aquella que se supone que debería venerar... ¿cómo la iba a venerar si seguro iba a pasar mis peores momentos?... Hacía mucho frío, pero ya casi no lo notaba, estaba tan nerviosa e impactada que esa era una sensación que había pasado a segundo plano. Allí me quedé esperando mientras Ellos buscaban algún tipo de artilugio para lo que se proponían, en ese intervalo pasó bastante tiempo y mi cuerpo empezó a sentir de nuevo el frío que intentaba controlar. Al poco noté como me azotaban con un látigo de 9 colas, me azotaban fuerte e intentaba resistir lo que podía. Tras algunos azotes se fueron de nuevo a buscar otra cosa, me sentía sola, allí, colgada de aquella cruz, hacía mucho frío, mi cuerpo temblaba, tiritaba, quería evitarlo pero no podía, pensaba que no tenía frío, pero era algo que no podía controlar, todo mi cuerpo temblaba de frío desde los pies a la cabeza. Alli estaba yo, sola, tiritando, frente a una cruz, la miraba, me fijaba en la madera, me acordaba de las palabras de Amo Roberto, aunque no las recordaba exactamente, pero me agarré fuertemente a la cruz e intenté concentrarme, no tengo frío, no voy a tiritar, me sujetaré a la cruz y me dará fuerza... y por algún momento conseguía dejar de tiritar. Llegó un momento que tiritaba tanto que me soltaron de la cruz y yara y brisa empezaron a darme enérgicos con sus manos por todo el cuerpo para hacerme entrar en calor, pusieron sus capas por encima de mi cuerpo a ver si reaccionaba, entre las dos me abrazaban intentando darme calor con su cuerpo... creo que ese momento fue uno de los más reconfortantes hasta ahora... (desde aquí, gracias yara y brisa por vuestro apoyo y vuestro calor en todos los sentidos)
Cuando Ellos regresaron a mi se me indicó adoptar posición de exhibición con las manos detrás de la cabeza. Yara fue llamada por Amo Roberto diciéndola q se pusiera en posición para ser azotada con látigo, ella se coloco de pie, con los brazos hacia arriba muy juntos, manos juntas, como si estuviera atada a una cuerda invisible q colgaba del techo, una posición perfecta. Amo Roberto empezó a azotarla bastante fuerte, parecía una esclava muy entrenada, prácticamente ni se movía, era algo increíble como aguantaba las embestidas del látigo, yo me imaginaba en su situación y no creo que llegase a esa perfección... Mientras ella era azotada empezaba a sentir un fuerte dolor en el cuello por mi posición, intentaba mantenerla, pero el dolor era tan fuerte y tampoco quería interrumpir a mi Amo en esa situación que casi sin darme cuenta baje los brazos sacudiéndolos, pensando que no se habrían dado cuenta estando a otra tarea... pues si, si se dieron cuenta, Amo Roberto me llamó la atención de porque había bajado los brazos, sin contestar y con mi característica mudez, enseguida puse los brazos en alto con las manos detrás de la cabeza y baje la cabeza como pidiendo perdón.
Después fue el turno de brisa, se la tumbó en el suelo para probar la cera, una de las más fuertes segúnsu Amo la confirmó. Ella tumbada en el suelo, respirando entrecortadamente, esperando a ver cuando caia la gota de la vela... y cada vez que caia una se estremecía, dejando oir su voz como pequeños gritos, pero que allí nadie oiría nada... También fue muy valiente soportando la cera hasta que su Amo decidió que ya era suficiente.
Después de este inciso, para mi, ahora me tocaba a mí, me volvieron a atar a la cruz para volver a ser azotada. Esta vez Amo Roberto viene con una vara, me dice que es la más dura que tiene y la que va a usar conmigo. Yo no entiendo nada, nunca había probado una vara, ¿y por qué la más dura? ¿por qué no empezaba por la más suave como suele hacer mi Amo siempre que me inicia en algo?... Me dicen que vaya contando... Me agarro fuerte a las cadenas de mis muñecas esperando lo que va a venir, y recibo el primer varazo y cuento, casi se me doblan las piernas pero logro mantenerme de pie. Ahora el segundo varazo, mis piernas se doblan, aunque intento evitarlo, pero a pesar del dolor me agarro fuerte a las cadenas que rodean mis muñecas y me pongo de pie de un salto. Llega el tercer varazo, mis piernas se vuelven a doblar, es un dolor muy intenso y me cuesta levantarme, cojo aire para aguantar el dolor y esperar a que pase ese primer dolor tan intenso y tras un rato me pongo otra vez de pie. Ahora, el cuarto varazo... mis piernas se doblan de nuevo y todo mi cuerpo cae tras ellas, mi cuerpo está colgado literalmente de mis muñecas, soplo, resoplo, cojo aire e intento que el dolor pase para volverme a levantar de nuevo... Mi Amo se acerca y me recoge entre sus brazos, yo le digo con la mirada que soy capaz de aguantar más, pero Él me dice que no hace falta, que lo sabe, ya he demostrado todo lo que tenía que demostrar... yo no entendía nada...
Más tarde me explicó que aquello era una prueba de entrega no de resistencia y que después de lo que había visto, aunque Él sabía lo que iba a suceder y cual iba a ser mi reacción, me dijo que estaba feliz y más que orgulloso por la entrega de su sumisa.
Fue un 28 de diciembre de 2010, un día que nunca olvidaremos ninguno de los dos; mi Amo, por todo el tiempo que disfrutó preparándolo y oragnizándolo todo al detalle y su resultado final; yo, por todo lo que aconteció, que sin duda ha hecho que vea el significado de la sumisión desde otro prisma. Fue un día especial, mágico, algo casi irreal, algo que piensas que sólo se puede leer en las novelas, un día en el que mi perspectiva de sumisa cambió para ver otras formas de vivir la sumisión.
Un dia en el Palacio II.- La espera
Esperamos un momento en el coche, parece que debían esperar una señal o algo. Intuía que había dos personas en el coche, me moví algo inquieta y noté que de repente había alguien a mi lado, ¿cómo se había colocado la mujer que vi sentada en el asiento delantero a mi lado? ¿cuándo lo había hecho? (en realidad supe más tarde, que llevaba desde el principio junto a mí, pero yo no me di cuenta hasta ese momento). La otra persona que oía en el asiento el conductor ya no sabía si era hombre o mujer. Al poco me sacaron y me dirigieron con decisión cada una de un brazo, si ambas eran mujeres, hacia la casa o hacia el 'palacio', como ellos lo llaman. Al entrar puedo atisbar por debajo de mi antifaz unos zapatos negros, no son los de mi Amo, son de otro hombre, pero ¿cuántos hombres hay? ¿no conducía el hombre que vi?
Me conducen a una sala, me dejan allí de pie, se van, me quedo sola esperando, no veo nada. Me quedo inmóvil tal cual me dejan, con los brazos pegados al cuerpo y mis manos semi abiertas como buscando o intentando palpar algo. Al poco alguien me quita el antifaz, todo estaba oscuro, me siento desorientada, confusa, miro para todas partes pero casi no veo nada, solo sombras, ¿dónde estoy? ¿dónde está mi Amo? ¿estará aquí?. Era una sala oscura, solo iluminada por un gran candelabro de pie, de no sé cuantas velas y a cada lado, por lo que pude entrever creo que dos mujeres, más tarde tras varias ojeadas alrededor de la sala cuando me lo permitía el silencio o mientras esperaba alguna orden, por su posición, de pie, manos atrás y mirada hacia el suelo, imaginé que serían sumisas. Y en lo que me parecía una especie de sofá, mi Amo y Amo Rob, este último sostenía una linterna que me apuntaba directamente a la cara, con lo que no podía ver los rostros, yo buscaba el de mi Amo. De repente oigo la voz de mi Amo seca, seria, profunda: 'Kara, como sabes, desde este momento no puedes hablar, solo cuando se te pregunte. Este es Amo Roberto, que como sabrás es muy buen amigo mío y a partir de ahora, cualquier orden que te de Él es como si te la estuviera dando yo, has entendido, mi kara? '.
A continuación oigo la voz de Amo Roberto, con una linterna o una luz en la mano que no deja de enfocarme, me pide que me desnude muy despacio, poco a poco y así lo hago, cuando llego a las medias utilizo una mesa para apoyar un pie y facilitar la tarea, lo hago con cuidado pues parece una mesa de cristal frágil, hago lo mismo con el otro pie, pero esta vez no con tanta suerte, el cristal de la mesa parece que se mueve y hace amago de volcarse, estoy rápida y levanto el pie enseguida, me parece oir una risa y casi estoy a punto de reirme yo también, más de nervios que de otra cosa, me controlo y termino de quitarme la media. Me pide que me quite el tanga, ¿qué esperabas, kara?, me pregunto a mí misma. No pretenderías quedarte con el puesto a pesar del frio que hace o por poco tiempo que lleves aquí... la verdad es que todo parecía tan frío, tan duro...Me quedo completamente desnuda frente a no se sabe quien... y una luz que no deja de alumbrarme y cegarme impidiéndome ver nada o buscar el rostro de mi Amo. Amo Roberto sigue dándome órdenes, me pide que me gire despacio para que pueda verme bien, después me hace ponerme de espaldas, inclinarme y mostrarle mi ano, abriéndolo poco a poco, yo misma... En este momento se me pasaban un montón de cosas por la cabeza desde el principio, las instrucciones de mi Amo justo antes de entrar al palacio, tratando de recordar y repasar para ubicarme...
Finalmente dijo que lo había hecho muy bien y que merecía un premio, parecía que lo decía con verdadero entusiasmo que estaba contento conmigo por lo que acababa de ver, esa palabra hizo que mi cuerpo se estremeciera y abrir aún más mis ojos ante lo que podía suceder.
- ¿Te gusta el chocolate?- dijo Amo Roberto, mostrándome un trozo de chocolate casi a ras de suelo. Uy, pensé yo... pero antes de que yo pudiera decir algo, mi Amor se adelantó y me dijo: 'Kara, a cuatro patas!' Amo Roberto volvió a hacerme la pregunta, yo tardé en contestar porque tenía tentaciones de decir: 'No sé...' Pero, medité la respuesta y dije un sí, timidamente. Él lo lanzó al suelo y me dijo que lo cogiera, lo busqué con la mirada y aunque tardé un poco en decidirme, terminé comiéndolo. Me hizo ir hasta sus pies y me felicitó acariciándome la espalda enérgicamente, pero a la vez con cariño, me hizo un ademán y me permitió ir al lado de mi Amo y allí puse mi cara, en la rodilla de mi Amo, que confort, que placer, el contacto de mi Amo...Él me felicitó también. Entonces Amo Roberto cogió una pelota amarilla de goma blandita la tiró y me dijo que fuera corriendo a cogerla, y allí estaba yo por primera vez corriendo detrás de una pelota que tiraban alternativamente divertidos los dos. En una de las ocasiones que se la entregué a mi Amo, me dijo que hablara como perra, a mi me salió un guau muy tímido y bajito, me lo hizo repetir hasta que me salio un guau un poco decente.
Al poco Amo Roberto dice: - ¡Yara, brisa, ladrad!... Eran, su esclava y su sumisa, eso si que eran ladridos, parecían de verdad...
Una vez consideraron oportuno que aquella 'iniciacion' había concluido, era momento de firmar el juramento de silencio, yo me puse de rodillas y empecé a escribir lo que Amo Roberto me dictaba: 'Yo, kara, sumisa de mi Amo Ender, juro ante mi Amo y los presentes mantener total y absoluto silencio sobre este lugar y sobre lo que acontezca aquí'. Me dijo que lo firmara y así lo hice, pero él prosiguió diciendo: 'Este juramento, como mis sumisas han hecho, ha de ser firmado con sangre'. Mientras escribía había visto una aguja de médico perfectamente envasada al vacío, que en su momento pensé que en aquel lugar cualquier cosa podía haber por allí de casualidad, ¿de casualidad?, ¡que ingenua!, todo estaba calculado hasta el más minimo detalle. Mi Amo tomó aquella aguja y mientras la sacaba de su envoltorio, imaginé que mi Amo tomaría uno de mis dedos para plasmar mi sangre en el papel, pero no, al itentar ofrecer mi mano a mi Amo, hizo caso omiso a mi ademán y casi sin mirarme, atento a la aguja esterilizada que tenía en sus manos, me dijo: '¡En posición de exhibición, mi sumisa! Adopté la posición inmediatamente, pero no entendía nada, Él sostenía la aguja con una de sus manos y con la otra palpaba uno de mis labios vaginales, lo cogió entre sus dedos, lo presionó... y yo le miraba atónita, no pensará..., pero Él parecía muy concentrado en lo que se proponía, observando esa situación decidí dejar de mirar, cogí aire y... sí, la aguja traspasó mi labio mayor derecho y al retirarla esperaban que saliera sangre, y ahora sí, mi Amo tomó uno de mis dedos para firmar el juramento de silencio que acaba de escribir y con el sellé lo que acababa de escribir.
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